Y lo más asombroso es que todo esto se ha logrado con una tecnología que apenas iluminaría una habitación
El último avance de China es tan espectacular, sobre el papel, que deja la figura de un gigante de la comunicación satelital como Starlink, de Elon Mu
sk, en una posición de lo más incómoda. Porque Pekín ha logrado, en esencia, pulverizar la velocidad típica de la compañía estadounidense. Y lo ha hecho desde un satélite geoestacionario a 36.705 kilómetros de altitud.
Este avance marca un antes y un después en las comunicaciones ópticas desde el espacio profundo y representa una innovación crítica en el contexto de la demanda creciente por ancho de banda, la saturación del espectro radioeléctrico y la competencia geopolítica por la supremacía tecnológica en el dominio espacial.
Problema físico resuelto. Pero hay mucho más. Transmitir luz láser desde el espacio hasta la superficie terrestre implica superar un obstáculo clave: la turbulencia atmosférica. Esta distorsiona el haz de luz, dispersa su energía y lo convierte en una mancha difusa y poco aprovechable al llegar al suelo. ¿Solución? Los enfoques tradicionales han intentado mitigar este problema utilizando óptica adaptativa (AO), que corrige la deformación de las ondas de luz en tiempo real, o la recepción por diversidad modal (MDR), que capta múltiples trayectorias de señal dispersa.
¿El problema? Que, por separado, ninguna de estas técnicas ha demostrado suficiente robustez bajo condiciones de turbulencia intensa.
Sinergia AO-MDR. Y aquí aparece el “invento” de China. Un equipo encabezado por el profesor Wu Jian, de la Universidad de Pekín, junto con Liu Chao, de la Academia de Ciencias, propuso una solución combinada: la sinergia AO-MDR. Esta tecnología fusiona ambas técnicas en un sistema que actúa sobre dos niveles.
Primero, emplea un telescopio de 1,8 metros equipado con 357 microespejos que corrigen en tiempo real las deformaciones del haz láser. Después, la señal entra en una fibra multimodo que, gracias a un convertidor multi-plano (MPLC), la divide en ocho canales base. A continuación, un algoritmo especializado selecciona los tres canales con mayor fiabilidad y coherencia, fusionándolos dinámicamente en tiempo real.
Resultado. Fueron contundentes. Las pruebas se realizaron en el observatorio de Lijiang, en el suroeste de China, donde los investigadores validaron que esta sinergia mejora significativamente la potencia y calidad de la señal. La probabilidad de obtener señales utilizables aumentó del 72% al 91,1%, un salto crítico en transmisiones donde cada bit de información es valioso.
Las verificaciones experimentales repetidas confirmaron que el efecto no fue una anomalía, sino una consecuencia sistemática del diseño.
Ventajas y aplicaciones. Fuera de toda la retórica hiperbólica, lo importante son sus implicaciones. El avance no solo se traduce en más velocidad: la corrección del frente de onda y la selección modal reducen los errores, disminuyen la latencia y aseguran integridad de datos en entornos extremos.
En aplicaciones como transmisión de vídeos HD, transferencias cuánticas o comunicaciones seguras, esta fiabilidad es vital. Además, al requerir apenas 2 vatios, la eficiencia energética del sistema es sorprendente: se trata de un consumo menor al de una bombilla LED, logrando transferencias de datos a distancias sin precedentes.
Sinergias. El desarrollo se suma a los avances anteriores de Pekín, como la transmisión de 100 Gbps reportada en enero de 2025, que superó en diez veces el récord anterior de láser satelital terrestre. A diferencia de sistemas de frecuencia radial, cuya capacidad está cada vez más limitada, los enlaces ópticos ofrecen un ancho de banda mucho más amplio, ideales para soportar el tráfico creciente de la era digital.
Supremacía tecnológica. En resumen, China refuerza su posición como líder en comunicaciones láser espaciales. El uso de una plataforma de bajo consumo y alta estabilidad desde órbitas geoestacionarias abre el camino a una futura red de satélites láser de alta velocidad, segura y resistente a interferencias.
Plus: también plantea desafíos estratégicos. Como decíamos, esta tecnología puede aplicarse en redes cuánticas, transmisión de datos cifrados militares, misiones científicas interplanetarias o infraestructura de internet global basada en luz. El hecho de que Starlink, pese a su constelación masiva en órbita baja, quede superado en velocidad por una sola estación láser lejana, representa, qué duda cabe, un cambio de paradigma.
Font, article de Miguel Jorge per a "Xakata"
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