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miércoles, 28 de junio de 2023

Estados Unidos piensa en Israel para la construcción de una mega fábrica de chips que comenzará a rodar en 2027

 


El país norteamericano invertirá 15.000 millones de dólares para hacer realidad esta posibilidad.

Estados Unidos no piensa quedarse de brazos cruzados y continúa avanzando en sus planes para dominar la industria de los semiconductores. Para ello, el país norteamericano ha depositado sus esperanzas en Micron Technology, el gigante que está teniendo que enfrentar varios problemas inesperados en China, e Intel, la compañía que defiende que el rey de los chips dominará las estrategias geopolíticas de la segunda mitad del siglo. Y, por ello, la propia Intel ha confirmado que a su ambicioso plan de Alemania se unirá otro que tendrá lugar en Israel.

Como supimos hace unas semanas, Estados Unidos planea realizar la mayor inversión extranjera de la historia en Alemania. Así, presentó un plan de 30.000 millones de dólares para construir una mega fábrica en el país teutón, una condición que no termina de convencer al gobierno alemán a raíz de las exigencias monetarias de Intel. Sin embargo, la firma no piensa quedarse ahí y, como recoge el portal PC Gamer, ya ha anunciado un nuevo plan de 15.000 millones de dólares para una expansión de sus operaciones en Israel. Y, de esta forma, EE.UU. también realizará la mayor inversión extranjera de la historia en el suelo del país eurasiátic.

No hay muchos detalles sobre la fábrica de Intel en Israel

A diferencia de los planes de la corporación norteamericana en Alemania, país en el que planean construir una fábrica en Magdeburgo, se desconocen la mayoría de aspectos relacionados con la obra israelí. Así, la construcción tendrá lugar en Kiryat Gat, lugar en el que Intel ya posee varias fábricas, y este ambicioso plan conllevará la creación de miles de puestos de trabajo. Además, la propia Intel ha aceptado un aumento del impuesto de sociedades hasta el 7,5%. Por último, se confirmó que el objetivo de la compañía es comenzar a operar en 2027.

Así, Estados Unidos continúa con sus planes de expansión de cara a ganar terreno en la industria de los semiconductores. A raíz de distintas acciones de China, el país norteamericano ha tenido que mover ficha para mitigar el impacto de las maniobras de la región asiática. Además, Taiwán no se ha quedado parada y, a través de TSMC (la empresa de fabricación de chips más grande del mundo), ya planea hacer historia con la producción de los semiconductores de 2 nm, una medida con la que buscarán alcanzar el límite del silicio.

Article de Abelardo González per a "3D Juegos"

Stellantis firma un importante acuerdo para garantizar la fabricación de sus coches eléctricos

 


Poco a poco, la industria va viendo la salida a la grave crisis de los semiconductores que lleva años retrasando la producción. Stellantis recurre a Foxconn para no volver a pasar por eso.


Para las marcas, la pandemia de la COVID-19 no sólo supuso un duro varapalo que llevó al cierre de fábricas. Las verdaderas consecuencias llegaron unos meses más tarde. La falta de componentes ha sido el pan nuestro de cada día desde que la actividad retomase un ritmo normal a mediados de 2020. Componentes clave como los semiconductores se han convertido en piezas de alto valor por su escasez. Stellantis ha sufrido mucho durante estos años y, como consecuencia, ha adoptado una decisión estratégica que le permitirá afrontar otra posible crisis mucho más preparada.

En estos últimos tres años, los fabricantes europeos no sólo se han tenido que enfrentar a la ausencia de chips y semiconductores, también han tenido que lidiar con los conflictos bélicos de Europa del Este y la consecuente subida en las tarifas energéticas. Ante semejante escenario cargado de problemas, la cada vez cuesta más fabricar coches y, por consiguiente, el precio de venta ha subido a máximos históricos.

Foxconn es una de las empresas tecnológicas más reconocidas del mundo. La compañía taiwanesa se ha labrado una más que merecida fama a nivel global por ser el fabricante principal de los dispositivos Apple. Su capacidad de producción sólo es comparable a la tecnología que imprimen en todo el proceso. Ese potencial tiene un valor incalculable para las marcas y está claro que Stellantis ha sellado un acuerdo muy importante que le garantiza un suministro de chips de cara al futuro. Ambas compañías han formado una joint venture al 50% que recibe el nombre de SiliconAuto.

El conglomerado quiere que los primeros chips producidos alimenten a los próximos vehículos eléctricos basados en las diferentes versiones de la plataforma STLA a partir de 2026. Todas las marcas del Grupo Stellantis se beneficiarán de este acuerdo. El desarrollo ya está en marcha y ambas empresas esperan poder ofrecer la tecnología más avanzada del mercado. SiliconAuto suministrará componentes de gran valor capaces de cumplir un elevado número de funciones. Los módulos estarán controlados por potentes ordenadores y tendrán la capacidad de actualizarse de forma remota.

Stellantis se beneficiará de un suministro fiable de componentes esenciales, lo que es fundamental para impulsar la transformación rápida y definida por software de nuestros productos”, ha declarado Ned Curic, jefe de la Oficina Tecnológica de Stellantis. “Nuestro objetivo es construir vehículos que conecten a la perfección con la vida diaria de nuestros clientes y ofrezcan capacidades punteras en su clase, años después de salir de la cadena de montaje. Con esta joint venture, podemos crear innovaciones a medida con una colaboración eficiente”.

Font, article de Javier Gómara per a "Híbridos y eléctricos"

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miércoles, 21 de junio de 2023

Este país 'quitó' a España el sueño de tener una megafábrica de chips. Ahora tienen un problema

 

Alemania se llevó el premio gordo de Intel: una fábrica de 17.000 de millones de inversión. Pero ahora las exigencias de la compañía ponen en riesgo estos planes. Una muestra de que no es fácil traer esta industria a Occidente de vuelta.


Todo el mundo quiere una fábrica de chips. Y cuanto más puntera, mejor. A estas alturas de la película es de sobra conocido que el colapso sufrido por la industria de los semiconductores por el boom de la demanda de la informática y la electrónica de consumo, entre otras cosas, durante la pandemia fue un baño de realidad para los dirigentes de EEUU y Europa. Mientras esta industria clave experimentaba una gran deslocalización hacia Asia, ellos habían ignorado el problema. Tocaba recuperar el tiempo perdido y recuperar lo que se bautizó como soberanía tecnológica.



Aquel cuello de botella, que todavía más de 3 años después, no ha sido resuelto completamente, fue el interruptor perfecto para que a ambas orillas del Atlántico se movilizasen ingentes cantidades de dinero para atraer a los gigantes de este negocio. En España, por ejemplo, se reunieron 12.250 millones con este fin. Fue el mayor Perte de los convocados por el Gobierno. Por cierto, hasta el momento, no se ha ejecutado absolutamente nada de este presupuesto.

Samsung y TSMC, dos de los pesos pesados de este negocio, decidieron por el momento centrarse en poner un pie en Estados UnidosEn el Viejo Continente fue Intel la que acudió a la llamada. Lo hizo en base a un plan diseñado por su nuevo CEO, Pat Gelsinger, para volver a vivir sus mejores días de vino y rosas. La hoja de ruta incluye grandes cambios, como fabricar chips para terceros por primera vez en su historia o la apertura, en suelo europeo, de una megafábrica de semiconductores concebida para crear componentes punteros en el nodo de los 2 y los 1,8 nanómetros.

Si esto de los nanómetros les suena a chino, basta con que sepan que, junto al número de núcleos y la velocidad, es uno de los indicadores con los que se mide lo avanzado que es un chip determinado. Cuanta más baja es la cifra, mejor, porque significa que caben mayor número de transistores en el mismo espacio. A día de hoy, los más avanzados se encuentran en el nodo de los 3 nanómetros.

 

En el caso de Intel, este objetivo es importante porque la compañía, que siempre daba forma a sus propios productos, tuvo que recurrir a competidores como TSMC porque se le complicó llevar su tecnología de fabricación por debajo de los 10 nanómetros. Volviendo al asunto de la fábrica, bastó con que Gelsinger hablase de sus intenciones para que los gobiernos europeos se pusieran en modo cortejo y empezasen, entre bambalinas, una puja para llevarse el gato al agua. Y a veces lo industrial resulta como el fútbol, un deporte, como decía el delantero inglés Lineker, en el que juegan 11 contra 11 y siempre gana Alemania.

La multinacional estadounidense escogió la ciudad de Magdeburg, al este del país, para levantar una infraestructura que supondría una inversión total de 17.000 millones. Ninguna empresa extranjera había puesto tantos huevos en la cesta teutona desde la II Guerra Mundial. Italia, Polonia o Irlanda, donde se ampliará la fábrica existente; tuvieron también sus pequeñas victorias. España vio como su gran oportunidad de volver a tener una fábrica de vanguardia, como la que ATT Electronics tenía en Tres Cantos en los 90, se esfumaba en favor de los germanos. El fuerte aplauso y el juego del programa era una colaboración entre el Supercomputing Center de Barcelona e Intel para explorar arquitecturas futuras.

Pero más de un año después, el acuerdo para empezar la construcción de la fábrica no se ha cerrado y parece estar más lejos que cuando se anunció. Los problemas han aparecido cuando el proyecto ha intentado dejar de ser un powerpoint para una presentación ante los medios y ha intentado hacerse realidad. Intel iba a recibir un total de 6.800 millones de euros en concepto de subsidios públicos por parte del gobierno alemán para su planta. El problema es que ahora han vuelto a hacer cuentas y, viendo los precios de la energía y otros aspectos de la construcción, piden 10.000 millones de ayudas.

El camino hasta la piedra

¿Qué representan 3.200 millones en el presupuesto anual alemán, que se ha fijado en 445.000 millones para 2023? Parece poco, pero la petición, tal y como revelaba el Financial Times hace unos días, ha sido suficiente como para generar un enfrentamiento en el ejecutivo tricolor que sostiene a Olaf Scholz en la Cancillería.

Los socialdemócratas y los verdes son partidarios de abrir la mano y atender las peticiones de Intel. Son los liberales de FPD, el socio minoritario, los que se oponen. Su líder, que ostenta la cartera de Finanzas, Christian Lindner, dijo en una reciente entrevista al rotativo inglés que "no hay más dinero disponible en el presupuesto en un momento en el que se está intentando contenerlo y no expandirlo". El político también aseguró no ser partidario de aumentar este tipo de ayudas sacándolas del bolsillo de los contribuyentes y que había que mirar muy bien la letra pequeña para no vulnerar las normas comunitarias. Intel se ha limitado a reconocer que existen esas peticiones por la "brecha de costes.

"Hay tres grandes fases cuando se negocia una inversión de este tipo", explica Luis Ríos Pita, director de programas de Tecnología de ESIC. "La primera de ellas, en la que se encuentra Intel, es la fase que se podría llamar geopolítica. Los tiempos cambian dependiendo los actores y las urgencias, pero es normal, que surjan estas fricciones porque cada parte defiende sus intereses. Eso sí, los fabricantes de microchips ahora tienen la sartén por el mango", opina. Después de esos, apunta Ríos, viene la construcción ("que se puede demorar entre 2 y 4 años, dependiendo la magnitud de la planta") y su puesta a punto.

"Esto no es enchufar los equipos, apretar un botón y que todo funcione. Hay que comprobar que no haya partículas contaminantes, que el proceso de fabricación sea refinado… Eso puede llegar a suponer otros 2 años hasta que estás a pleno rendimiento". En resumen, desde que se pone la primera piedra hasta que una planta como la de Intel funciona a toda máquina pueden pasar 6 años.

"Eso si las negociaciones previas no frustran o retrasan los planes", apuntilla. Este experto sabe de lo que habla. En los 90 fue ingeniero y tuvo varios cargos en la fábrica madrileña de ATT Electronics, una de las más punteras del mundo por aquel entonces. "Durante mucho tiempo se estuvo negociando instalar una fábrica gemela en España con los norteamericanos. El problema es que sus peticiones no fueron atendidas y acabó yéndose a China, donde sí salían las cuentas", explica el docente a modo de ejemplo, aunque reconoce que el "contexto" es diferente ahora que hace tres décadas.

Energía, ese caballo de batalla

El principal caballo de batalla parece ser el coste de la electricidad. "No se puede perder de vista que estas es una industria electrointensiva, que está 24/7 trabajando", explica Ignacio Mártil de la Plaza, catedrático de Electrónica y doctor en Física en la Universidad Complutense de Madrid, que pone sobre la mesa el caso de Taiwán y TSMC.

Esa empresa consume, por sí sola, el 6% de la energía del país", remata. Las estimaciones señalan que en tan solo dos años esta cifra aumentará hasta el 12,5% la factura nacional de Taiwán. "El salto de la litografía ultravioleta profunda a la litografía ultravioleta tiene que ver en este aumento", añade Mártil de la Plaza.

La litografía ultravioleta extrema es la técnica que se necesita para crear los chips más modernos y punteros. Por debajo de los 10 nanómetros es casi imposible crear semiconductores sin esta tecnología en masa y de forma estable. La única empresa que puede crear los equipos capaces de ejecutar esa tecnología a día de hoy es ASML, una firma holandesa. Esa es la razón por la que este país europeo se ha convertido también en una pieza clave en la campaña de sanciones que EEUU ha emprendido contra China con el fin de ralentizar su avance. El último giro es que Países Bajos estaría vetando a estudiantes de aquel país en programas universitarios que aborden tecnologías sensibles.


Las de ASML son máquinas del tamaño de un autobús urbano, cada una de ellas pesa 180 toneladas y requiere de una veintena de camiones para trasladar todos sus componentes. Cada equipo devora energía a raudales. El último modelo (High NA EUV), del que Intel ha encargado varias unidades, tendrá un consumo adicional de 0,5MW sobre el actual, que es de 1,5MW. Un total de 2.000 millones de vatios, según confirmó la propia empresa. Funcionando las 24 horas del día, gastaría 48.000 kilovatios-hora de electricidad todos los días. Según Red Eléctrica, el consumo medio de un hogar en España a lo largo de todo un año es de aproximadamente 3.300 kWh. "Es normal que esto esté en el centro del debate y es lógico que Intel aproveche su posición de poder, que la tiene, para obtener mejores condiciones".

Una factura más alta en EEUU que en Taiwán

Ríos Pita señala que las subvenciones o el coste del suministro eléctrico influye en decisiones como las que tomó Intel, pero que otros puntos a tener en cuenta. "Es muy importante la industria accesoria que necesitan estas plantas para poder tener acceso a los gases y otros materiales empleados en la fabricación. Esto es algo que también te puede requerir inversión adicional y todo eso suma", subraya.

El otro elemento en la ecuación es el talento. Y hay dos maneras de conseguirlo: o fichas a profesionales preparados o capacitados a otros. "En el caso de AT&T lo que se hizo fue llevar un grupo de españoles todo un año a una instalación en Estados Unidos a formarse con el personal de allí", recuerda el docente de ESIC.

Mártil de la Plaza pone también el asunto de la remuneración. "Se puede pensar que a estos niveles y con este grado de formación no existen diferencias salariales. Pero varían mucho dependiendo el país. Por ejemplo, EEUU tiene remuneraciones más altas que las que se ofrecen en Alemania y, por supuesto, en España. Pero es que estos son más elevados que los que se ofrecen a estos perfiles en Taiwán". Muchas veces los sueldos son el arma que utilizan empresas como TSMC para disuadir a sus empleados para que se trasladen de forma temporal a países como EEUU, donde está levantando un megacomplejo de vanguardia en Arizona. Un extenso reportaje del New York Times explica que, además de otros problemas, la empresa no estaba consiguiendo que los perfiles cualificados que tienen en su país natal se desplazaran allí.

  1. Font, article de Michael Mcloughlin per a "El confidencial"