La nueva guerra comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea ya ha sido declarada y sólo queda esperar a cómo se concretará la primera andanada y qué balance de daños sufrirán las industrias afectadas. Por el momento, el anuncio es un aviso de que a partir del próximo mes de abril el Departamento de Comercio estadounidense ya tendría preparada una lista con la que establecer los países y sectores prioritarios en el castigo arancelario.
Hay dos claves para interpretar por donde puede llegar la nueva ronda arancelaria anunciada por Trump. Una, que el criterio general para subir barreras es el déficit comercial de Estados Unidos con sus aliados, en este caso la Unión Europea y cada uno de los 27 países que la componen. La segunda es que el casus belli elegido por el presidente estadounidense en el caso europeo es el IVA, que considera un arancel indirecto.
Cuando se miden exportaciones e importaciones, el resultado neto de la balanza comercial a ambos lados del Atlántico es favorable a la UE por 235.000 millones de euros, una quinta parte del déficit total comercial que tiene Estados Unidos con el mundo y que quiere remediar a base de aranceles.
En este déficit la lista de países que más ganan está encabezada por Alemania. Gracias fundamentalmente a su poderosas industrias farmacéutica y del automóvil, el país obtiene un superávit de 85.000 millones de euros En el otro lado, el de los socios que más pierden en su intercambio de bienes y servicios con Estados Unidos destaca Holanda, con un saldo negativo de 34.000 millones, según datos de Eurostat correspondientes a 2023.
Aunque la Unión Europea es un bloque y no es posible fijar barreras comerciales discriminatorias entre sus miembros, según este criterio, España no debería figurar entre las peor paradas. Es el segundo país, por detrás de Holanda, con peores resultados en su relación comercial con Estados Unidos, al presentar un déficit superior a 5.000 millones de euros. Nuestras exportaciones apenas superan 18.000 millones mientras que las compras de productos estadounidenses están por encima de los 24.000 millones.
Con la crítica situación que vive Boeing, no sería de extrañar otro golpe a un gigante industrial como Airbus. Pero dada la especial relación que parece haber cuajado entre las grandes tecnológicas y la presidencia de Dolad Trump puede darse por seguro que este será un motivo para levantar aranceles a productos españoles. Aunque los ingresos que genera el impuesto en España apenas superan los 300 millones de euros, es posible que, con el acero y el aluminio ya señalados, lo paguen los fabricantes de piezas para automóviles, la industria de componentes eólica o cualquier área de la agroalimentaria.
En cuanto al IVA, Trump aseguró ayer que pasa a considerarlo un arancel indirecto a sus exportaciones a la UE y señaló específicamente el que soportan los automóviles exportados a este lado del Atlántico. Como media, el IVA supone un 20%, aunque hay criterios que permiten situar el tipo en el 15% o incluso en el 5% para bienes básicos. La entrada de vehículos desde Estados Unidos soporta un IVA del 10% y en sentido contrario la tasa es del 2,5% para un mercado que dominan los fabricantes alemanes con una red de proveedores distribuida por toda la UE y con mucho protagonismo español.
Font, article de César Urrutia per a "El Mundo"
No hay comentarios:
Publicar un comentario