- Histórico rapapolvo del presidente de Baleària a la clase política durante la conmemoración de los veinte años del CEDMA: «Años y años y años esperando la ronda perimetral, la estación de autobuses o el ferrocarril… Ya está bien»
- Los empresarios pronostican que por el cambio climático la temporada turística se prolongará desde marzo hasta noviembre lo que permitirá aliviar la actual masificación en julio y agosto
- Los promotores inmobiliarios advierten de que la construcción es un modelo «que funcionó, funciona y seguirá funcionando» pero con criterios de sostenibilidad
- Piden más suelo industrial: «Los polígonos están a tope»
El presidente de Baleària empezó glosando los logros del Cercle a lo largo de sus veinte años de existencia. Dijo que esta entidad «supuso un espacio donde todos los empresarios de la Marina Alta pudimos encontrarnos y avanzar empujando a la administración pública, que nunca acaba de dar respuestas». Y alabó la trayectoria de sus tres presidentes que, cada uno a su modo, fueron muy reivindicativos en sus respectivas etapas: Miguel Agulles, Sonja Dietz (cuyas diatribas a los políticos durante su mandato eran esperadas con ansias por los periodistas) y el actual, Benito Mestre.
«Nuestros fracasos»
Pero a continuación, Utor advirtió de que junto a los éxitos, el CEDMA también arrastra fracasos. Reivindicaciones históricas que tras décadas los empresarios de la comarca no han logrado. Y pasó a enumerarlos. «Ya no llegará el tren Dénia-Gandia. Ahora nos conformamos con un trolebús. Eso es un fracaso». Con lo del trolebús, el máximo responsable de la naviera se refería al famoso autobús eléctrico hacia la Safor que ahora se erige como alternativa ante el bloqueo del Tren de la Costa y la falta de financiación del tranvía.
Utor tenía más reivindicaciones históricos en el bolsillo. Arrancó más de dos sonrisas al auditorio cuando pasó a la siguiente: «He llegado al puerto y he visto que ya tenemos un doble carril [el desdoblamiento de la carretera de acceso a la estación marítima que la Generalitat ya ha concluido] y me he dicho, anda, ya han acabado la ronda perimetral y yo sin enterarme. Pero después resulta que cuando sales del puerto has de darle la vuelta a una rotonda, luego circular por una avenida de un carril, luego otra rotonda, luego girar 90 grados por la calle Abu Zeyan y luego volver a girar otros 90 grados… y esa es la salida del puerto que tenemos». Efectivamente la ronda perimetral no está ni siquiera empezada cuarenta años después de que se planteara.
Y Utor tronó por eso. «No hay derecho, esta comarca no se merece eso. Ya está bien, años, y años y años…» de espera.
Puso más ejemplos. Mostró su incomprensión por el hecho de que la estación de autobuses, que tantas críticas suscita en la actualidad, no se instalara como se planteó hace ya muchos años en la propia estación marítima «a pesar de que aquí ya está hecha y de que Baleària ha pagado hasta las marquesinas». También se preguntó por qué nadie ha impulsado en Dénia un palacio de congresos o un teatro en condiciones.
Las «miserias» de la clase política
Otro problema de Dénia que identificó Utor fue el del modelo turístico. «Yo no voy a decirle a mi alcalde aquí presente [Vicent Grimalt, que escuchaba el discurso] que el modelo no funciona pero sí que tantos cambios políticos, tantas confrontaciones y tantos cambios de orientación no han permitido definirlo. Lo que necesitamos los empresarios es paz y estabilidad social y económica». Ahondó así en la misma idea que antes ya había expresado el director general de Masymas, José Juan Fornés, defendiendo la colaboración público-privada.
Para Utor el problema de esta última es que sigue existiendo «una visión casposa y decimonónica desde la administración de defender solo lo público y rechazar lo privado, como si el empresario lo único que quiere es hacer negocio». Por el contrario «el empresario supone cambio y prosperidad, que es algo que los poderes públicos muchas veces no entienden porque se erigen en depositarios exclusivos de una moral y de una ética que luego desmienten con sus propias miserias, con sus constantes peleas entre partidos y entre administraciones». Una bronca en toda regla.
No en balde, el empresario afeó a la clase política que levante «muros de irracionalidad». Y aludió al propio puerto de Dénia, que genera una riqueza que no se puede reinvertir en la ciudad, en la ronda perimetral o en el palacio de congresos, porque no ha sido declarado autónomo.
Más temporada turística y más suelo industrial
Antes, y en un evento conducido por la periodista Concha Pastor, había intervenido el catedrático de Análisis Geográfico de la Universidad de Alicante Jorge Olcina, quien advirtió de que el «cambio climático es un problema pero también una oportunidad» que permitirá prolongar la temporada turística. Ese guante fue recogido en una mesa redonda posterior.
En ella, Miguel Agulles, que ahora intervino como CEO de Serviden, subrayó que efectivamente esa temporada podrá ahora prolongarse de marzo a noviembre. Cristina Sellés, presidenta de la hostelera Aehtma corroboró ese futuro aunque matizó que los resultados en temporada alta se están resintiendo: «El año pasado la primera quincena de julio ya no funcionó tan bien». Agulles se mostró de acuerdo pero subrayó que de esta manera se podrán rebajar las situaciones de masificación que en julio y agosto molestan a la población autóctona.
Los representantes del sector inmobiliario defendieron el modelo histórico de la Marina Alta basado en la creación de plazas de alojamiento extrahoteleras a partir de la construcción de urbanizaciones. Pere Soliveres, gerente de la VAPF, destacó que es un sector irremplazable por la riqueza que genera: de las 166.000 viviendas que ahora tiene la Marina Alta, 96.000 son secundarias y 58.000 pertenecen a extranjeros. De nuevo Agulles ratificó la idea: «Es un modelo que funcionó, funciona y funcionará pero ha de estar regido por gestores profesionales y criterios de sostenibilidad».
Tanto José Juan Fornés como Mireia Server (CEO de Rolser) reivindicaron más suelo industrial. Fornés señaló que eso está a punto de resolverse en Pedreguer (cuyo alcalde, Sergi Ferrús estaba presente). Y avaló el gran mérito de los empresarios por «no deslocalizar y ubicar sus empresas en otros lugares más baratos porque vivimos en una comarca maravillosa».
Server dijo que «ahora mismo todos los polígonos están a tope», cuestión que ha de resolverse pero respetando el medio ambiente: «Lo que no queremos son macropolígonos».
Font, article en "La Marina Plaza"
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